Noticias Falsas en Internet

Las Redes Sociales y
un Cambio Radical del
Sistema de Información

José Eduardo JorgeJosé Eduardo Jorge

Blog de Cambio CulturalLa explosión de noticias falsas en la elección norteamericana de 2016 se debió al contexto de fuerte polarización política, a la veloz expansión de las redes sociales y su creciente rol como proveedoras de información de actualidad, y a la “economía de los clicks”, que creó los incentivos para publicar primicias inventadas dirigidas a públicos híper-partidistas. Los fenómenos de la burbuja de filtro y la cámara de eco agudizaron el problema. La controversia sobre los efectos de las noticias falsas en la elección presidencial. En 5 años, debido a las redes, el ecosistema de información cambió más que en cualquier momento de los últimos 5 siglos. La difícil situación del periodismo. Los valores noticiosos. Parte 2 del Informe. Ir a la Parte 1: La Información y la Discusión en Internet, en el Foco de las Críticas  

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Introduce el informe de Wired la imagen plomiza y neblinosa de un caserío bajo el contorno inminente de la montaña. La palabra “Fake” –“falso”, en castellano- ha sido impuesta, como un gran sello delator, sobre la exótica fotografía. “Bienvenido a Veles, Macedonia, fábrica de noticias para el mundo”, apostrofa la revista de San Francisco que se ha presentado como “la Rolling Stone de la tecnología”.[1]

Veles, un ignoto pueblo fabril de 50 mil habitantes, en un país de poco más de dos millones que fue parte de la ex Yugoslavia, adquirió un inverosímil renombre global hacia el final de la campaña presidencial norteamericana de 2016, cuando el diario The Guardian y el sitio informativo BuzzFeed denunciaron que era la sede de más de cien páginas web dirigidas al público estadounidense, especializadas en difundir noticias políticas adulteradas.

El aluvión de noticias falsas que circuló en las redes sociales, portales y blogs fue una de las tantas anomalías de una campaña que rompió con muchos de los estándares que eran tradición en las elecciones presidenciales.

Fake News: la Mentira del Año 2016
El sitio PolitiFact, que monitorea la veracidad del discurso político, declaró el término “Fake News” como “LaMentira del Año”

Esos reportes desconcertantes son “material inventado, manipulado con maestría para que parezca un informe periodístico creíble”, puntualiza el sitio PolitiFact. Esta organización no partidaria, que se dedica a controlar la veracidad del discurso político, consagra regularmente la “mentira del año” y esta vez no supo dónde empezar. El premio recayó sobre la frase en boga: “Fake News”.[2]

Las novedades apócrifas encontraron una audiencia masiva, proclive a compartirlas con sus contactos en las redes. Retransmitidas de esta forma, su alcance se vio multiplicado. Este mecanismo de propagación, posibilitado por la estructura de medios sociales como Facebook y Twitter, ha sido descripto como cascada de información.[3]

“Un artículo inventado, que citaba a supuestas fuentes del FBI afirmando que Hillary Clinton sería  llevada a la justicia, fue compartido 140.000 veces en Facebook y pudo haber sido observado por millones de personas, dado que, potencialmente, cada ‘compartir’ es visto por cientos de usuarios”, dice Zeynep Tufekci, una académica especialista en nuevas tecnologías que escribe en el New York Times y en su blog technosociology.org.[4] “Incluso si cada vista generara solo una fracción de centavo, todo esto suma dinero en serio”.

En los tres meses finales de la campaña, según un análisis de BuzzFeed, las crónicas falsas de mayor impacto generaron en Facebook más interacciones que las principales historias de los 19 medios combinados más importantes del país, incluidos el New York Times, Washington Post, Huffington Post, NBC News y otros. [5] En ese periodo, las 20 mayores noticias inventadas de “sitios engañosos” y “blogs híper-partidistas” habrían sido compartidas o provocado comentarios y reacciones  8.711.000 veces, en comparación con las 7.367.000 interacciones suscitadas por las 20 primeras “noticias reales” de los medios periodísticos.     

El Papa Francisco sacude al mundo. Apoya a Donald Trump para Presidente. Emite declaración”. Con casi 1 millón de interacciones, esta fue la historia adulterada que causó la conmoción más grande en Facebook.

El Nuevo Periodismo Amarillo y la Economía de los Clicks

Mucha información mendaz nació de motivaciones políticas. Era publicada inicialmente por páginas y blogs híper-partidistas, diseñados adrede para parecer sitios normales de noticias –con frecuencia de la “derecha alternativa” o “alt-right”-, o por cuentas de usuarios ficticios o reales de las redes sociales embanderados con alguno de los candidatos. Pero el combustible que propulsó toda la maquinaria de difusión fue la “economía de los clicks”.[6]

“A los norteamericanos les encantan nuestras historias y nosotros ganamos dinero con ellas”, declaró un joven macedonio de 19 años a una enviada de la BBC al pueblo de Veles. “La ciudad que se enriquece con las noticias falsas”, encabezó su crónica la cadena británica.[7] El entrevistado –quien, como otros que aceptaron hablar con los medios, no quiso revelar su nombre- había empezado plagiando noticias sensacionalistas de sitios norteamericanos de derecha.

Después de copiar y pegar varios artículos, el muchacho los publicaba en su página web bajo un título “con gancho” y pagaba en Facebook, donde el sitio tenía su propia página, para compartirlos con una audiencia estadounidense ávida de leer primicias sobre Donald Trump. Sus ingresos por publicidad explotaban cuando los usuarios de la red social compartían esos posts y, al cliquear en ellos, entraban a la página web, donde quedaban expuestos a anuncios del programa de publicidad Adsense de Google dirigido a propietarios de sitios. Los anunciantes le pagan al buscador y éste abona un porcentaje de esos ingresos a los sitios adheridos al programa cuando los avisos son vistos o cliqueados.

“Sí, la info de los blogs es mala, falsa y engañosa, pero el principio es: ‘Si hace que la gente haga click y se enganche, entonces úsala’”, afirma un estudiante universitario de Veles citado por BuzzFeed.[8] De acuerdo con este medio, entre el centenar de sitios activos registrados en el pueblo –todos administrados por adolescentes o adultos jóvenes-, los más grandes tenían páginas de Facebook con cientos de miles de seguidores.

A principios de 2016, añade el informe, algunos macedonios experimentaron con contenido de izquierda o favorable a Bernie Sanders, el candidato progresista que en las primarias del Partido Demócrata despertó el fervor juvenil. Pero “nada funcionaba tan bien en Facebook como el contenido sobre Trump”. Observa que “la mayoría de los posts de esos sitios eran un agregado o un plagio completo de sitios radicales o de derecha de EEUU”, y “casi todos falsos o engañosos”.

Los jóvenes del lugar manejan el inglés con fluidez suficiente para navegar los sitios informativos en ese idioma e identificar contenido potencialmente viral. “Ven una información en algún lado, le ponen un título amarillista y la suben rápidamente a su página. Luego la comparten en Facebook para probar y generar tráfico”, describe BuzzFeed.

Los Mecanismos que Produjeron
la Explosión de Noticias Falsas

Causas de las Noticias Políticas Falsas o Fake News

Un embuste cuyo encabezado era “Hillary Clinton en 2013: ‘Me gustaría ver personas como Donald Trump compitiendo por una candidatura. Son honestas y no se pueden comprar’”, había sido compartido o comentado y suscitado reacciones en Facebook 480.000 veces en apenas una semana. Comparativamente, una investigación exclusiva del New York Times que atribuía a Trump irregularidades impositivas había logrado 175.000 interacciones en todo un mes. De las cinco noticias con más impacto de las publicaciones macedónicas, cuatro eran falsas y sumaron en Facebook 1.000.000 de interacciones.

Fuera de reconocer contenido con capacidad viral, todo el arte de generar tráfico consistía en redactar un título con “carnada” para atraer clicks –“clickbait headline”-, que empezaba a veces con ciertas “palabras anzuelo” o clickbait words,  como ¡ÚLTIMO MOMENTO!, ¡Oh, Dios Mío!, ¡Uau! Un ejemplo: “ÚLTIMO MOMENTO: ¡Obama Confirma Negativa a Dejar la Casa Blanca! ¡Permanecerá en el Poder!”

Los periodistas que visitaron Veles resaltan que algunos sitios decían recibir millones de visualizaciones por mes. Otros acreditaban cifras más modestas. Un entrevistado reveló a The Guardian que la mitad del millón de visitas mensuales de su portal provenía de su página de Facebook.[9]

En una ciudad con un salario medio mensual de 370 dólares, alto desempleo y pocas oportunidades para la juventud, algunos de estos bizarros emprendedores del ciberespacio mostraron o declararon a los enviados pagos mensuales por publicidad online de 10.000, 8.000 ó 5.000 dólares, en ocasiones de 3.000 dólares en un solo día. Un consultado por la cadena NBC estimó que había unos 300 locales trabajando en la industria, de los cuales 50 estaban haciendo dinero “respetable” y una docena “mucho dinero”.[10]

Lejos de considerar censurable esa actividad, el alcalde de Veles hizo notar que no violaba las leyes del país y que los ingresos que producía estaban sujetos a cargas impositivas. Como hombre de derecha, celebró que su ciudad haya “contribuido a la victoria de los Republicanos y de Trump”.[11]

El “complejo macedónico de noticias falsas”, como lo bautizó Wired, atrajo una atención desusada por su extravagancia, pero no monopolizó la tendencia. La prensa norteamericana se ocupó también del “nuevo periodismo amarillo” fomentado en el país por la monetización de los clicks.

El Washington Post ilustró en detalle la forma en que dos jóvenes desempleados de un restaurante de Tennessee, graduados sin suerte en publicidad y negocios, habían recaudado entre 10.000 y 40.000 dólares por mes cuando su página informativa pro-Trump tenía menos de 150.000 seguidores en Facebook.[12] Solo en octubre, al filo de la elección, el sitio ganó otros 300.000 seguidores y sus propietarios estaban ganando tanto dinero que prefirieron no divulgarlo.

“La violencia, el caos y la redacción agresiva es lo que atrae a la gente”, dice uno de ellos. Y remarca: “Nuestra audiencia no confía en los medios mainstream”. Escribir una pieza de 200 palabras que capta inmediatamente miles de lectores no les insume más de diez minutos.

Efectos Políticos de las Noticias Falsas: la Controversia

El modelo de negocios basado en una alta proporción de tráfico a través de Facebook e ingresos por publicidad de Google financia multitudes de pequeñas páginas y blogs con contenidos y servicios valiosos para la sociedad. Muchos contribuyen a democratizar la esfera pública con información y análisis de la actualidad política desde visiones alternativas a las de los grandes medios periodísticos.

Pero en el contexto de alta polarización y turbulencia política que distinguió a este ciclo electoral, el mismo modelo creó los incentivos económicos para una inédita explosión de desinformación.

“Son muchas las variables que determinan cuánto dinero le hará ganar a su creador una historia engañosa que se vuelve viral”, indica otro reporte del Post.[13] “Pero si consideramos las veces que ésta es compartida en Facebook como un indicador de la amplitud con la que serían vistos esos sitios, empezamos a entender por qué, si se optimizan adecuadamente, las páginas de noticias falsas dirigidas a audiencias híper-partidistas pueden ser lucrativas”

Los dos colosos del mundo virtual, pero en particular Facebook, se vieron de pronto bajo una avalancha de críticas. David Carroll, un experto en publicidad online, explica al diario de la capital estadounidense que “Google tiene más de un incentivo para hacer que la información sea confiable”. El motivo es que su negocio se basa en proveer información exacta a las personas que la están buscando. Pero Facebook “tiene que ver con la atención, no tanto con la intención”. “Generalmente es bueno para el negocio de Facebook que algo se viralice en su sitio, incluso si no es verdad”, agrega el periódico.

Ejemplos de Falsas Noticias
Dos ejemplos de noticias falsas

A fin de año, Google anunció un cambio de sus políticas de Adsense con el fin de identificar y excluir del sistema a los sitios con contenidos mendaces o engañosos. También adelantó que haría mejoras en el algoritmo de su buscador para evitar que las noticias de esos sitios tuvieran un ránking elevado en los resultados de las búsquedas.[14]

En un post publicado en su página de Facebook días después de los comicios para presidente, el CEO de la compañía, Marc Zuckerberg, respondió a las críticas subrayando que, de todo el contenido de esa red, “el 99% de lo que ven las personas es auténtico”.[15] Solo una “pequeña cantidad”, indicó, son noticias ficticias y engaños, que “no están limitados a una visión partidaria, o incluso a la política”.  “Esto hace extremadamente improbable que los engaños hayan cambiado el resultado de esta elección en una u otra dirección”, sostuvo.

Escribió no obstante que Facebook no quería ningún tipo de información apócrifa en la red, que ya había hecho “progresos” y que seguiría trabajando en esa dirección. Desde entonces la política de la empresa se ha enfocado en concientizar a los usuarios, permitiéndoles señalar los contenidos engañosos y ofreciendo una lista de consejos para identificarlos.

Los críticos han considerado estas medidas insuficientes. “Facebook está construyendo una redacción global manejada por robots editores y sus propios lectores”, es decir, “una organización periodística sin periodistas”, denunció The Atlantic.[16]

Respondiendo al comentario de un lector a su post ya mencionado, Zuckerberg recordó que “ayudar a las personas a permanecer conectadas con sus amigos y familia” era el principal objetivo de su red. “Las noticias y los medios no están entre las cosas que la gente hace primariamente en Facebook, así que me parece extraño cuando la gente insiste en que nos llamemos una empresa de noticias y medios para que reconozcamos su importancia”.

¿En qué medida pudieron haber influido las noticias falsas en general, y puntualmente las que circularon en Facebook, en el resultado de los comicios? Solo la investigación empírica es capaz de ensayar una respuesta sólida para esta cuestión, pero una hipótesis plausible es que, de haber existido un efecto significativo, éste haya sido principalmente el de reforzar las actitudes previas de los votantes hacia uno u otro candidato.

La mayor parte de estas cascadas de información tuvo lugar dentro de comunidades virtuales políticamente homogéneas y cuyos miembros estaban predispuestos a recibir y retransmitir información negativa sobre el adversario que confirmara sus puntos de vista.

Abundan los ejemplos. Paul Horner, propietario de un grupo de páginas con la apariencia falaz de sitios periodísticos mainstream, publicó que las personas que protestaban en los actos de Trump cobraban dinero para provocar desórdenes. Consultado por el Washington Post, admitió saber que el rumor no era cierto, pero que lo difundió para obtener ingresos si la gente lo creía. “Yo solo quería burlarme de esa loca creencia, pero se viralizó”, dijo. Más todavía, el mismo Trump se hizo eco de la especie.

Durante toda la campaña, “personas de importancia y educación reprodujeron historias falsas”, puntualiza PolitiFact.[17] Un alto militar retirado cercano a Trump repitió el cuento de que senadores demócratas de la Florida planeaban implantar la ley islámica en ese estado. Cuando una figura pública reconocida da crédito a una historia fabricada, su efecto es legitimar, ante los ojos de la audiencia, a la fuente que la proveyó. Muchos usuarios de las redes también compartieron información adulterada aún cuando no creían en su veracidad. Por lo tanto, “solo es posible culpar a Internet hasta cierto punto”, concluye PolitiFact.

“Las noticias falsas son un primo de las noticias ardientemente partidistas que la gente comparte para robustecer el cascarón de sus burbujas de filtro”, destaca un artículo de Columbia Journalism Review.[18] “La fortaleza de las plataformas [online] forma un circuito con las debilidades humanas para confirmar nuestros prejuicios”.

La revista hace alusión al fenómeno, conocido con antelación, de la cámara de eco. Se ha observado que la gente tiende a reunirse e interactuar en grupos online integrados por miembros con ideas, valores e intereses similares. La conversación dentro de esas burbujas o “esferoides públicos” no hace más que devolver infinitamente el propio punto de vista. La información congruente con la mirada de la comunidad es aprobada, comentada y compartida. La incompatible es ignorada y no llega siquiera al conocimiento de la mayoría de los participantes.

Un mecanismo distinto, aunque relacionado con el anterior, son las denominadas burbujas de filtro estrictamente individuales, creadas por los algoritmos que seleccionan, dentro del cúmulo de información disponible en Internet, aquella que definen como la más relevante para cada uno de nosotros en función de nuestro historial de navegación y otros datos personales reunidos previamente.

El concepto de burbuja de filtro fue acuñado por Eli Pariser[19] cuando Google introdujo los resultados personalizados en su buscador. El feed de noticias de Facebook usa un algoritmo similar para determinar qué actualizaciones nos muestra en nuestro perfil de la red.

La consecuencia en ambos casos es un efecto de “visión túnel” análogo al de la cámara de eco. La información que recibimos tiende a limitarse a la que es congruente con nuestras opiniones e intereses. Más aún, los supuestos que los algoritmos hacen de cada uno de nosotros son quizás parciales o inexactos y, en cualquier caso, nos son desconocidos.

Tufekci describe su propia experiencia. “Muchas de mis amistades de Facebook en EEUU se inclinan por los demócratas, pero también tengo amigos que votaron por Trump. Sin embargo, tuve que salir a la búsqueda de sus posts porque el algoritmo de Facebook casi nunca me los mostraba. Por la razón que sea, el algoritmo suponía erróneamente que yo no estaba interesada en sus opiniones”.

La variedad completa de los mecanismos descriptos queda ilustrada por la genealogía de una de las ficciones más delirantes de la campaña: el “Pizzagate. Esta descabellada teoría conspirativa, según la cual Hillary Clinton dirigía un círculo de pedófilos con centro en una pizzería de Washington, fue adquiriendo una repercusión inusitada en las redes sociales a medida que progresaba como una bola de nieve, y culminó en el arresto de un hombre que, armado con un rifle que llegó a disparar, irrumpió en el local de pizza en cuestión para investigar el asunto.

La génesis y el desarrollo de la historia en las redes fue reconstruida por BuzzFeed.[20] El punto de partida fue una cuenta de Twitter ligada a los supremacistas blancos, que reprodujo el comentario de un usuario de Facebook. La especie fue recogida por participantes de un foro consagrado a teorías conspirativas, y por una página web informativa no menos marginal que citaba como fuente a un hilo del controvertido foro 4chan, donde los usuarios postean en forma anónima.

El artículo de esta página web no tardó en ser visto, plagiado y expandido con pormenores estrafalarios por blogs de derecha y al menos dos sitios macedónicos, que lo difundieron en Facebook con títulos escandalosos y bizarras fotos trucadas.

Tres días después de lanzado en Twitter, un rumor disparatado se había transformado ya en una pseudo-noticia llena de detalles –y carente de la menor evidencia-, con cientos de miles de interacciones en Facebook.

La cuenta inicial de Twitter reanudó en este punto la última versión de la especie como una “prueba” de la “veracidad” de su fuente originaria. Finalmente, enjambres de trolls se lanzaron a publicar tweets con nuevos pormenores, memes en 4chan y mensajes en la red social Reddit. El tema estalló en los principales diarios y medios del país a principios de diciembre, al producirse el incidente del “pistolero” en el local de pizza.[21]

La Revolución de las Redes, el Periodismo y la Esfera Pública

“En los últimos cinco años nuestro ecosistema de información ha cambiado en forma quizás más dramática que en cualquier momento de los últimos 500”, afirma Emily Bell, directora del Tow Center for Digital Journalism de la Universidad de Columbia.[22] “Las redes sociales no solo han engullido al periodismo. Han engullido todo”: las campañas políticas, la industria del ocio, el comercio minorista, las historias personales, incluso el gobierno y la seguridad.

La transformación, opina esta académica, encierra “excitantes oportunidades”, pero también “una multitud de riesgos existenciales”. En especial, “algo realmente dramático le está ocurriendo al escenario de nuestros medios de comunicación, la esfera pública y nuestra industria periodística, casi sin que lo notemos y, por cierto, sin el nivel de escrutinio y debate público que merece”.

Los medios periodísticos, argumenta, están perdiendo el control de la distribución de su propia información, que una porción creciente de la audiencia recibe ahora filtrada por algoritmos que son “opacos e impredecibles”. Las grandes empresas tecnológicas que rigen el ciberespacio tienen cada vez más poder para seleccionar las noticias que leemos o vemos. Asistimos, en este aspecto, a “una concentración de poder mucho más grande que la que jamás haya existido”.

La última observación de Bell pone el acento en una línea de desarrollo que está llevando a Internet por una vía opuesta a la imaginada en sus inicios. La visión original de Internet fue la de una telaraña abierta, donde los enlaces entre los sitios web crearían una red de información horizontal y descentralizada. La expansión del ciberespacio liberaría fuerzas democratizadoras de la esfera pública.

La red, por cierto, ha multiplicado las voces. Al poner fin al monopolio que ejercían los grandes medios para decidir qué informaciones debían o no llegar al público –la llamada función de “guardián” o gatekeeper-, el discurso público creció en volumen y diversidad.

Cascada de InformaciónPero el ciberespacio siempre ha estado lejos de semejarse a un modelo de libertad e igualdad.[23] Pronto se advirtió que, con los nuevos filtros tecnológicos, no todas las voces eran igualmente escuchadas. Hindman advirtió que las inequidades se habían desplazado de la fase de producción de los contenidos a la de su distribución.[24] Con Google como director universal de tráfico en la web, habían surgido en la esfera pública nuevas jerarquías. La súbita explosión de las redes sociales produjo cambios revolucionarios e introdujo un actor como Facebook, capaz de influir sobre la atención, las actitudes y la conducta de una porción significativa de la población mundial.

La editora en jefe de The Guardian, Katherine Viner, subraya que si una plataforma como Facebook se convierte en la fuente dominante para acceder a las noticias, las organizaciones periodísticas adaptarán su trabajo a las demandas del nuevo medio.[25]

“La evidencia más visible del influjo de Facebook sobre el periodismo –dice- es el pánico que acompaña cualquier cambio en el algoritmo del feed de noticias que amenace con reducir las visualizaciones de página recibidas por cada medio”. Anota que en años recientes muchos medios se han alejado del periodismo de interés público y salido a la caza de “visualizaciones” con “noticias chatarra” destinadas a atraer anuncios y clicks.

“Para demasiadas organizaciones de noticias, la nueva medida de valor es la viralidad, no la verdad o la calidad”, remarca Viner.

Gran Bretaña ha ofrecido un ejemplo temprano de la anatomía de una falsa noticia, surgida no de un sitio web marginal, sino de un popular tabloide. Fue el llamado “Piggate” –de “pig”, “cerdo”-, una fábula feroz que hizo reír a todo el país y cuya víctima fue el entonces primer ministro David Cameron.

En septiembre de 2015, el Daily Mail publicó una historia, extraída de una nueva biografía de Cameron, según la cual éste había participado una vez de un ritual de iniciación que consistió en realizar un acto obsceno con la cabeza de un porcino.[26]

Convertida instantáneamente en trending topic de Twitter, reproducida por los otros diarios y comentada en miles de posts de las redes sociales, la especie mereció jocosas declaraciones de políticos del establishment. Pronto la oficina del primer ministro, que al principio se había negado a “dignificar” la información con una respuesta, tuvo que emitir una desmentida.

La coautora de la biografía, la periodista del Daily Mail Isabel Oakeshott, admitió en una entrevista televisiva que no podía suministrar evidencia sobre la veracidad de la anécdota y que se había limitado a transcribir la información provista por su fuente. “Corre por cuenta de otras personas decidir si le dan credibilidad o no”, remató.

Viner subraya lo inusual de esta defensa. Publicar versiones extravagantes basadas en evidencia débil está lejos de ser algo nuevo. Lo novedoso es que, al parecer, a los periodistas ya no se les requiera creer en sus propias noticias ni tratar de probarlas. Darles o no entidad quedaría a criterio de los lectores, sobre la base de su instinto, intuición o estado de ánimo. Y en efecto, una parte del público creyó la fantástica versión sobre Cameron. “¿La verdad ya no tiene importancia?”, se interroga la editora de The Guardian.

Cuando Internet comenzó a erosionar la influencia de los medios tradicionales, que sobre la base de normas periodísticas seleccionaban las noticias y fijaban los estándares del debate público, resultó claro que en adelante serían los mismos usuarios de la red quienes, cada vez más, tendrían que decidir sobre la veracidad o exactitud de la información que encontraran y la credibilidad de la fuente que la proveyera. ¿Ya hemos alcanzado el punto en que este criterio empieza a penetrar en las redacciones?

El impacto de la red sobre la esfera pública tiene derivaciones todavía más complejas. Con unos meses de perspectiva después de la elección estadounidense, el académico y comentarista del New York Times Thomas B. Edsall juzgó que “a medida que las normas tradicionales de la competencia política se hacen a un lado, es claro que Internet y las redes socialeshan “quebrado y destruido las restricciones institucionales sobre qué puede decirse, cuándo y dónde puede decirse y quién puede decirlo”.[27]

El portal informativo de extrema derecha Breitbart News puso el grito en el cielo. “Edsall admite abiertamente que la libertad de expresión creada por Internet es una amenaza al establishment, a sus normas y a sus códigos de lenguaje”, enfatizó uno de sus comentaristas. [28] “Hasta ahora, los torpes intentos, movidos por el pánico, de hacer retroceder la libertad de palabra en la web, habían avanzado con disimulo”.

Steve Bannon, que fue presidente ejecutivo de Breitbart News antes de convertirse, hacia el final de la campaña, en un importante asesor de Trump, ha dicho que  “la burbuja de los medios es el símbolo definitivo de todo lo que está mal en este país. Es solo un círculo de personas que se hablan a sí mismas y no tienen la menor idea de lo que pasa”.[29]

El hecho de que el ascenso de Trump haya tomado por sorpresa a casi toda la prensa sugiere a Politico.com que la “burbuja mediática” es real y “más extrema de lo que se cree”.[30] La “miopía” de los medios, según una investigación de este portal, procede de la elevada homogeneidad ideológica, socioeconómica y geográfica que adquirió el periodismo norteamericano en los últimos años.

Con los cambios experimentados por la industria –achicamiento y cierre de diarios, expansión de las publicaciones digitales, relocalización geográfica de las redacciones-, apenas el 7% de los periodistas se identifica hoy como republicano y la enorme mayoría trabaja en los que fueron, en 2016, los condados “más pro-Clinton” del país. Peor aún, sus lectores también viven en “bubbleville.

“Quizás parezca que la expresión ‘burbuja mediática’ es una frase gastada, usada por los críticos del periodismo para burlarse de los reporteros que viven en Brooklyn o California y desconocen la ‘América real’ del sur de Ohio o la Kansas rural”, señala el informe de Politico. “Pero estos números sugieren que no se trata de una exageración”.

Viner advierte que el “caos del presente” no debe llevarnos a idealizar el pasado. También los medios de la era pre-Internet han contribuido a encubrir hechos y divulgar falsedades.  Gracias a la revolución digital, afirma, los periodistas “son más responsables ante la audiencia”. “Algunas de las antiguas jerarquías han sido socavadas de un modo decisivo, lo cual ha conducido a un debate más abierto y a un desafío más sustancial a las antiguas elites cuyos intereses, con frecuencia, han dominado a los medios”.

Para la editora de The Guardian, durante las dos últimas décadas digitales el periodismo supo adaptarse introduciendo “innovaciones dramáticas”. No ocurrió lo mismo con su modelo de negocios. Hace falta uno nuevo, que premie a los medios “que pongan la búsqueda de la verdad en el centro de todo” y abracen los “valores noticiosos tradicionales”: “reportar, verificar, reunir las declaraciones de los testigos presenciales, hacer intentos serios de descubrir qué pasó realmente”.

Conclusiones

Para que se produjera en este ciclo electoral la explosión sin precedentes de noticias falsas debieron combinarse varios procesos. Uno es la coyuntura política, también sin antecedentes cercanos, de extrema polarización y animadversión entre los bandos en pugna. Otro es la veloz expansión de las redes sociales y, como parte de este cambio tectónico que experimentó el ecosistema de comunicación en el breve lapso de un lustro, la importancia que adquirió Facebook como proveedor de información de actualidad. Según una encuesta realizada a principios de 2016 por el Pew Research Center, el 44% de los norteamericanos dijo obtener noticias en esa red. [31]

El otro gran engranaje que puso en marcha la maquinaria fue la “economía de los clicks”, unida al hecho de que el grueso de la inversión publicitaria online se dirige a Google y Facebook –no a las ediciones digitales de los medios periodísticos pre-Internet, algo que está llevando a los diarios a la inviabilidad financiera.

Los efectos provocados por la burbuja de filtro y la cámara de eco agudizaron esta dinámica facilitando la formación de audiencias híper-partidistas, receptivas a las informaciones engañosas y proclives a propagarlas.

El negocio de los sitios web especializados en noticias inventadas o falaces preexistía a la campaña 2016.[32] Si adquirió esta vez una magnitud desusada, fue sobre todo por el singular contexto político que distinguió a este ciclo electoral. Y aunque su efecto más probable haya sido reforzar las actitudes previas de los votantes, la distorsión que introduce en el proceso de deliberación colectiva es lo bastante seria para convocar a la acción preventiva de los principales actores involucrados.

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NOTAS

[1] Subramanian, S. (2017); “Inside the Macedonian Fake News Complex”, Wired, February 15.

[2] Holan, A.D. (2016): “2016 Lie of the Year: Fake news”, PolitiFact, December 13.

[3] Hui, C., Tyshchuk, Y., Wallace, W.A., Magdon-Ismail, M., and Goldberg, M. (2012): “Information Cascades in Social Media in Response to a Crisis: A Preliminary Model and a Case Study”, Proceedings of the 21st international conference companion on World Wide Web, Lyon, France: ACM: 653-656.

[4] Tufekci, Z. (2016): “Mark Zuckerberg Is in Denial”, New York Times, November 15.

[5] Silverman, C. (2016): “This Analysis Shows How Viral Fake Election News Stories Outperformed Real News On Facebook”, BuzzFeed, November 16.

[6] Lapowsky, I. (2016): “Facebook Didn’t Create Donald Trump. The Click Economy Did”, Wired, December 11.

[7] Kirby, E. J. (2016): “The city getting rich from fake news”, BBC News, December 5.

[8] Silverman, C. & Alexander, L. (2016): “How Teens In The Balkans Are Duping Trump Supporters With Fake News”, BuzzFeed, November 4.

[9] Tynan, D. (2016): “How Facebook powers money machines for obscure political ‘news’ sites”, The Guardian, 24 August.

[10] Smith, A. & Banic, V. (2016): “Fake News: How a Partying Macedonian Teen Earns Thousands Publishing Lies”, NBC News, December 9.

[11] Ibídem.

[12] McCoy, T. (2016): “For the ‘new yellow journalists,’ opportunity comes in clicks and bucks”, Washington Post, November 20.

[13] Ohlheiser, A. (2016): “This is how Facebook’s fake-news writers make money”, November 18.

[14] Wingfield, N., Isaac, M. & Benner, K. (2016): “Google and Facebook Take Aim at Fake News Sites”, New York Times, November 14.

[15] Zuckerberg, M. (2016): Post publicado en Facebook el 13 de noviembre.

[16] Lafrance, A. (2017): “The Mark Zuckerberg Manifesto Is a Blueprint for Destroying Journalism”, The Atlantic, February 17.

[17] Holan, 2016, op. cit.

[18] Smith, B. (2016): “How tech and media can fight fake news”, Columbia Journalism Review, November 17.

[19] Pariser, E. (2011): The Filter Bubble. What the Internet is Hiding From You, The Penguin Press, New York.

[20] Silverman, C. (2016): “How The Bizarre Conspiracy Theory Behind ‘Pizzagate’ Was Spread”, BuzzFeed, November 4.

[21] Borchers, C. (2016): “A harsh truth about fake news: Some people are super gullible”, Washington Post, December 5. Ver también: Graham, D. (2016): “The ‘Comet Pizza’ Gunman Provides a Glimpse of a Frightening Future”, The Atlantic, December 5. CBS News (2017): “’Pizzagate’ gunman sentenced to 4 years in prison”, June 22.

[22] Bell, E. (2016): “Facebook is eating the World”, Columbia Journalism Review, March 7.

[23] Jorge, J.E. (2014): “La Comunicación Política en las Redes Sociales. Enfoques Teóricos y Hallazgos Empíricos”, Question, 1(44): 268-286.

[24] Hindman, Matthew (2009): The Myth of Digital Democracy, Princeton University Press, Princeton.

[25] Viner, K. (2016): “How technology disrupted the truth”, The Guardian, July 12.

[26] Viner, op. cit.

[27] Edsall, T.B. (2017): “Democracy, Disrupted”, New York Times, March 2.

[28] Bokhari, Allum (2017): “NYT Op-Ed Claims Internet ‘Threatens Democracy’ by Bypassing the Establishment Class”, Breitbart News, March 2.

[29] Shafer, J. (2017): “The Media Bubble is Worse Than You Think”, Politico Magazine, May.

[30] Ibidem.

[31] Pew Research Center (2016): “News Use Across Social Media Platforms 2016”, May 26.

[32] Dewey, C. (2014): “This is not an interview with Banksy”, Washington Post, October 22.