Teorías de Inglehart y Schwartz: Coincidencias

Los Valores Básicos de
la Cultura Democrática

José Eduardo JorgeJosé Eduardo Jorge

Cultura PolíticaLos estudios empíricos arrojan que las teorías de los valores culturales de Inglehart y Schwartz convergen en aspectos fundamentales, aún partiendo de enfoques conceptuales y metodológicos diferentes. Estas coincidencias tienden a reforzar hipótesis básicas sobre la naturaleza de la cultura política de la democracia. Aquí se exponen los puntos en común de ambas teorías y se analizan, con datos de una muestra de 66 países, las elevadas correlaciones de los valores de Schwartz con los indicadores de cultura política democrática elaborados a partir de los valores de autoexpresión o emancipación de Inglehart y Welzel. Ir a la primera parte del Informe: Valores Emancipatorios e Índices de Democracia. Ver también: Índice de Cultura Política Democrática      

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La tesis central del enfoque de la cultura política es que la democracia –y cualquier régimen político estable- requiere una cultura compatible arraigada en la sociedad. Definimos la cultura política como el conjunto de valores, creencias y pautas de conducta prevalecientes en una sociedad que influyen en el proceso político (Jorge, 2010).

Planteada hace medio siglo por Almond y Verba (1963) y Eckstein (1966), la “hipótesis de la congruencia” ha ganado creciente aceptación entre los académicos y promotores de la democracia (Clark et al., 2012; Coppedge, 2012). Un sistema específico de orientaciones culturales parece ser esencial para la solidez, profundidad y efectividad del sistema.

La naturaleza exacta de este sistema de orientaciones culturales ha sido objeto de debate desde queel campo de estudio resurgió en los años 80 e incorporó un corpus cada vez mayor de evidencia empírica procedente de encuestas transnacionales (Inglehart, 1988, 1990 y 1997; Putnam, 1993 y 2000; Almond y Verba, 1989; Eckstein, 1988).

Un Estudio Clave: Modernización y Cambio Cultural

La obra de Inglehart y Welzel Modernization, Cultural Change, and Democracy (2005) fue un hito que fijó los contornos de la discusión actual. Integrando un enorme volumen de datos, entre ellos los recopilados durante más de dos décadas por la World Values Survey (WVS o Encuesta Mundial de Valores) en 81 países –cientos de miles de entrevistas, representativas del 85% de la población mundial-, de este trabajo emergió, como subraya en su prefacio el politólogo Hans-Dieter Klingemann, “algo que ha sido declarado muerto: la gran teoría”.

En palabras de Coppedge (2012: 224-25), “este ambicioso libro propone una teoría de vasto alcance del cambio cultural y la democratización” y “presenta masiva evidencia y sofisticados análisis en apoyo a sus argumentos clave”. Inglehart en Cultural Evolution (2018) y Welzel en Freedom Rising (2013) han ampliado y refinado desde entonces el edificio teórico.

La principal conclusión es que la probabilidad de que un país tenga una democracia en la que rijan efectivamente los derechos de los ciudadanos depende del grado en que está difundido en la sociedad un sistema de valores de “autoexpresión” o “emancipación”.

Los valores son creencias cargadas de afecto; concepciones generales de los fines deseables e indeseables, que funcionan como “un poderoso regulador motivacional de la conducta humana” (Inglehart y Welzel, 2005: 23). Schwartz (2009) destaca que los valores predominantes son el rasgo más central de la cultura, pues impulsan la coherencia de sus diversas manifestaciones. Las normas, las prácticas cotidianas, la organización y las políticas de las instituciones, expresan los valores prevalecientes.

El sistema de valores de autoexpresión o emancipación que enfatiza la “libertad de elección” y la “igualdad de oportunidades”. Es un producto del desarrollo posindustrial y refleja los cambios generacionales de cultura, que operan como variable intermedia entre el cambio económico y el político-institucional.

La era industrial, al reemplazar los valores tradicionales por los racionales y seculares, produce la “secularización de la autoridad”, que es compatible con la democracia, pero también con el fascismo, el socialismo de estado y otros regímenes autoritarios. La era posindustrial, con su giro desde los valores de “supervivencia” a los de autoexpresión, tiende a emancipar a los individuos de todas las formas de autoridad, un proceso inherentemente prodemocrático. La Figura 1, surgida de un análisis factorial con datos de WVS en el nivel de los países, refleja las dos dimensiones en las que varía la prioridad que las sociedades asignan a valores fundamentales.

Figura 1
Inglehart: dos Dimensiones del Cambio Cultural

Valores Culturales de Inglehart
El eje vertical refleja la transformación que experimenta la cultura de una sociedad a medida que èsta se mueve desde una economía agraria tradicional a otra de carácter industrial. El eje horizontal ilustra el cambio cultural cuando la sociedad entra en la fase posindustrial, haciendo el tránsito desde una economía de supervivencia a otra con altos niveles de seguridad existencial.. Click en la imagen para agrandar

El desarrollo avanzado también expande la capacidad humana de elegir generando un proceso masivo de “movilización cognoscitiva”. Los entornos de trabajo complejos exigen el manejo de información, el pensamiento y la decisión independiente, creatividad y habilidades de comunicación y organización. La difusión de la educación superior y de los medios y tecnologías de comunicación acrecienta la autonomía intelectual e informativa de los individuos.

Refinamiento de la Teoría

La base de la teoría, subraya Welzel en Freedom Rising (2013: xxiii), es “una lógica universal sobre el modo como la mente humana afronta las condiciones existenciales”. Las “presiones menguantes” sobre la propia existencia “abren la mente de las personas; las hacen priorizar la libertad sobre la seguridad, la autonomía sobre la autoridad, la diversidad sobre la uniformidad y la creatividad sobre la disciplina”.

Ese estado mental es también “la fuente de tolerancia y solidaridad más allá del propio grupo”. A la inversa, las “presiones persistentes” que hacen la vida insegura llevan a los individuos a enfatizar las prioridades opuestas, entre ellas “la hostilidad y discriminación hacia el exogrupo”.

Inglehart (1990, 1997) e Inglehart y Welzel (2005) caracterizanron la emergencia de los valores de emancipación como un ascenso en la jerarquía de necesidades de las personas, desde los requerimientos más básicos de seguridad física y manutención a los más elevados de “autorrealización” (Maslow, 1954). En Freedom Rising (2013), Welzel describe este mismo proceso como un ascenso en la “escala de utilidad de las libertades”. A medida que la vida de las personas deja de ser una fuente de presiones para convertirse en una fuente de oportunidades, se vuelve más “útil” para ellas ejercer sus libertades y aceptar las de los otros.

La búsqueda de libertad por parte de los individuos entraña el deseo de “emanciparse de la dominación externa”. Detrás de este deseo están los “valores de emancipación”, que son su fuente motivacional. Esta forma de liberación es un proceso de “empoderamiento humano”, posibilitado por el desarrollo socioeconómico. Requiere “libertades iguales” para todos, que se consagran a través de los derechos de los ciudadanos. La democracia, así como la revolución de derechos de los últimos años, representan “la tendencia hacia el empoderamiento humano en el dominio de las instituciones” (Welzel, 2013: 279).

Con la difusión de los valores emancipatorios en la sociedad, unida al proceso de movilización cognoscitiva, crecientes segmentos de la población pueden “emanciparse de la autoridad interpretativa de otros, en particular las elites”, y se tornan “menos manipulables al adoctrinamiento autoritario” (Welzel y Kirsch, 2017: 5).

En Cultural Evolution (2018), Inglehart lleva al centro de su marco teórico la concepción del cambio de valores –ya planteada en Inglehart y Welzel (2005: 23)- como un proceso evolutivo. Según este enfoque, los valores que se difunden en una sociedad son los que tienen una “ventaja selectiva” sobre otros para que los individuos y grupos sobrevivan y prosperen bajo determinadas condiciones existenciales.

Un corolario del análisis precedente es que, si bien la cultura política de una sociedad incluye una gran variedad de elementos, su núcleo consiste en una estructura de valores básicos. Otros aspectos de la cultura, como las prácticas, actitudes y opiniones tienden a ocupar una posición menos central.

Este hecho es relevante al evaluar el impacto que tienen sobre la democracia los valores prevalecientes en una sociedad, en comparación con la influencia ejercida por las opiniones del público favorables al sistema. Entre estas últimas hay un conjunto de indicadores que se consideran habitualmente medidas válidas de “apoyo” a la democracia por parte de los miembros de una sociedad. Por ejemplo, el grado en que la población cree que la democracia es la “mejor” –o “preferible”- forma de gobierno, o que “confía” en instituciones como el Congreso, el gobierno y los partidos políticos.

En un debate sobre el retroceso democrático mundial observado desde los primeros años de este siglo, Foa y Mounk (2016) destacan que, según datos de encuestas, las generaciones jóvenes de varias democracias industrializadas creen menos “esencial” que sus mayores el hecho de vivir en democracia. Los autores interpretan este fenómeno como un signo grave de deslegitimación del sistema.

Inglehart (2016), en cambio, aunque admite un deterioro en este aspecto –más como un “efecto de coyuntura” concentrado en EE.UU. por el “masivo aumento” de la desigualdad y la “desproporcionada influencia de los billonarios” en el gobierno-, subraya que han seguido aumentando los “indicadores clave” de apoyo, como la “tolerancia a la homosexualidad” y la “aceptación de la igualdad de género”, que predicen los niveles de democracia “mucho mejor” que las meras opiniones favorables al sistema.

Entre quienes no poseen este tipo de valores emancipatorios, tales opiniones suelen encubrir “interpretaciones autoritarias de la democracia” (Welzel y Kirsch, 2017), que incluyen, por ejemplo, la idea de que uno de los rasgos “esenciales” del sistema es la “obediencia a los gobernantes”.

Coppedge (2012: 224) destaca el “creciente consenso” de que los “ciudadanos críticos” que plantean desafíos a las elites (Dalton y Welzel, 2014), y un grado de desconfianza en las instituciones, son “saludables para la democracia”. Para Diamond (2015:115), la mutación de valores que el cambio económico y tecnológico no cesa de promover, “erosionando todas las formas de autoridad y empoderando a los individuos”, es el factor que tiende a minar la legitimidad de todos los regímenes autoritarios.

La Convergencia con la Teoría de Schwartz

Algunas críticas recientes a la teoría de los valores de emancipación provienen de la perspectiva de la “democracia sin demócratas” (Dahlum y Knutsen, 2015; Hadenius y Teorell, 2005). Para Inglehart y Welzel, la democracia estable y profunda no surge de los acuerdos de elite o de la ingeniería institucional. Los valores motivan a la gente a “presionar por libertad, derechos civiles y políticos efectivos y un gobierno que dé respuestas genuinas, y a ejercer continua vigilancia para asegurar que las elites gobernantes las sigan dando” (2005: 300).

Otros señalan áreas donde la teoría requeriría mayor desarrollo o precisión. Coppedge (2012: 226) nota la dificultad de lograr “validez conceptual” usando preguntas estandarizadas en diversos contextos culturales, pues los entrevistados pueden interpretarlas de modo sutilmente distinto. Una solución es el análisis factorial, que reduce una multiplicidad de indicadores a una o más dimensiones subyacentes. Pero la interpretación de estas dimensiones –una combinación de arte y ciencia- es disputable, más si se afirma haber descubierto “valores universales” (Ibíd.: 227). Coppedge se pregunta si “autoexpresión” es un nombre adecuado y si envuelve realmente todos los indicadores incluidos.

Existe empero otra teoría de los valores ampliamente aceptada, desarrollada por el psicólogo Shalom H. Schwartz, que coincide en puntos esenciales con la de Inglehart y Welzel (Schwartz, 2009, 2008b, 2006, 1992; Dobewall y Rudnev, 2014). Esta última es inductiva, construida a partir de la evidencia empírica; la de Schwartz es hipotético-deductiva, basada en inferencias sobre las respuestas que deben dar las culturas y los individuos a problemas universales. Ambas usan instrumentos y muestras distintas para medir los valores.

En el nivel de la sociedad, Schwartz distingue 7 orientaciones culturales de valor, que forman tres dimensiones bipolares. La Figura 2 es una proyección bidimensional del patrón de intercorrelaciones entre 47 valores en el nivel cultural (no individual). Surge de los datos de los cuestionarios de Schwartz Value Survey (SVS) administrados entre 1988 y 2005 a muestras de grupos de 72 países, principalmente maestros y estudiantes.

Figura 2
Orientaciones Culturales de Valor de Schwartz

Valores Culturales de Schwartz Datos Empíricos
La estructura de siete orientaciones de valor surge de datos recopilados por la Schwartz Value Survey (SVS) en más de 70 países. Ver más.: Evidencia empírica de las orientaciones culturales. Click en la imagen para agrandar

La descripción de cada valor en la figura sintetiza a la incluida en los cuestionarios de SVS. Las orientaciones adyacentes –por ejemplo, autonomía e igualitarismo, o inmersión y jerarquía- son compatibles (correlacionan positivamente) entre sí; las opuestas –autonomía e inmersión, o igualitarismo y jerarquía- están en conflicto. La cultura, en esta concepción, está “fuera” de los individuos y entraña las “presiones” –estímulos psicológicos y expectativas de rol- a las que aquéllos están expuestos (Jorge, 2017:180-83).

La dimensión autonomía versus inmersión en el grupo, que opone valores como “libertad”, “amplitud mental”, “creatividad” y “vida excitante” a los de “obediencia”, “orden social” o “respeto por la tradición”, se traslapa empíricamente en grado importante con la dimensión autoexpresión versus supervivencia de I & W (Schwartz, 2009:134). Ambas reflejan la medida en que la cultura estimula o no a los individuos a “expresar su carácter único e independencia de pensamiento, acciones y sentimientos”.

Igualitarismo versus jerarquía –que opone, por ejemplo, “igual oportunidad para todos” y “justicia social” a “autoridad” y “riqueza”- también se superpone, aunque menos, con autoexpresión versus supervivencia. Las dos dimensiones envuelven la “igualdad entre grupos, tolerancia y confianza”. Autonomía versus inmersión –y, en algún grado, armonía versus dominio- se traslapa además con valores tradicionales versus racionales y seculares.

Estas coincidencias entre teorías con enfoques conceptuales y métodos disímiles son muy notables y “apoyan con fuerza” la idea de que sus dimensiones “capturan aspectos reales y robustos de diferencia cultural” (Ibíd.; Schwartz, 2006).

Los valores de autonomía individual e igualitarismo tienen una fuerte relación positiva con el grado de democracia de los países, el estado de derecho y la transparencia o corrupción percibida (Schwartz, 2006; Licht et al., 2007).

La Figura 3 muestra en dos dimensiones la posición de los grupos nacionales en la estructura de orientaciones. El “perfil” de los países refleja la coherencia de la estructura de orientaciones. China, por caso, es alta en jerarquía y en el adyacente dominio –que enfatiza el control, el cambio o la explotación del entorno natural y social, en lugar de armonizar con él, entenderlo y apreciarlo-. A la vez, es baja en igualitarismo y armonía.

Figura 3
Mapa Cultural de Schwartz: Posición de los Países en la Estructura de Orientaciones Culturales

Mapa Cultural de Schwartz: Países
Los perfiles culturales de los países de la figura reflejan la coherencia de la estructura teórica de orientaciones de valor.  Los países que son altos en una orientación polar son normalmente bajos en la orientación polar opuesta y exhiben niveles similares de importancia relativa para las orientaciones adyacentes.. Ver más: El Mapa Cultural Mundial de Schwartz. Click en la imagen para agrandar

Del mapa emergen 8 “regiones culturales”, con muchas coincidencias con las de Inglehart y Welzel (Figura 4). Lo que suele llamarse “cultura occidental” tiene importantes diferencias internas. Europa Occidental es más alta en igualitarismo, autonomía intelectual y armonía. Los países de habla inglesa enfatizan la autonomía afectiva y el dominio (Schwartz, 2009). EE.UU acentúa aún más el dominio y menos el igualitarismo, la autonomía intelectual y la armonía; su perfil es el de una cultura emprendedora y pragmática. La cultura de América Latina es próxima al promedio mundial en las 7 orientaciones. Argentina y Chile estimulan más la autonomía intelectual y el igualitarismo, Bolivia la inmersión y Perú la jerarquía.

Figura 4
Mapa Cultural de Inglehart y Welzel

Mapa Cultural Mundial Inglehart - Welzel
Elaboración propia a partir de www.worldvaluessurvey.orgClick en la imagen para agrandar

Este análisis contradice la visión convencional del individualismo, ligado a la búsqueda egoísta del interés personal –visión presente en Hofstede (1980)-, y converge con el individualismo “altruista” de los valores de autoexpresión (Welzel, 2010). Para Schwartz (2009: 137), la cultura de Europa Occidental es “individualista” en el sentido de que enfatiza la autonomía intelectual y afectiva, y desalienta la jerarquía y la inmersión en el grupo. Pero al estimular el igualitarismo y la armonía –y desalentar el dominio- “llama a la preocupación desinteresada por el bienestar de los otros” y a amoldarse al mundo natural y social en vez de controlarlo.

Valores Culturales de Schwartz y Cultura Política de la Democracia

Pese a haber sido hasta ahora poco utilizada en el estudio de la democratización, la teoría de Schwartz refuerza hipótesis fundamentales sobre la naturaleza de la cultura política democrática y abre nuevas vías de investigación.

La tesis de la congruencia no queda limitada al tipo de régimen. Las políticas de gobierno compatibles con los valores prevalecientes son vistas por la población como “legítimas” y “naturales”; las incompatibles, como ilegítimas. Los valores predominantes proveen justificación e influyen, por ejemplo, en políticas como la asignación del gasto público y la extensión de la red de seguridad social, que varían entre países con distinto perfil cultural (Schwartz, 2008b).

Aquí examino las correlaciones en el nivel transnacional entre los valores culturales de Schwartz y nuestro Índice de Cultura Política Democrática (ICPD) y sus componentes. Este último ha sido elaborado a partir de los valores de autoexpresión y emancipación de Inglehart y Welzel.

Los datos de Schwartz (2008a), para 75 países, fueron recopilados en el marco de la Schwartz Value Survey (SVS) entre 1988 y 2007, en su mayor parte a mediados de los 90. Para 66 de esos países, calculé el ICPD y sus componentes entre 1990 y 2007 (ver Estadísticas: Valores Democráticos en Inglehart y Schwartz). La Tabla 1 presenta sus correlaciones con los puntajes de los valores culturales de Schwartz..

Tabla 1
Correlaciones entre los Valores de Schwartz y el Índice de Cultura Política Democrática y sus Componentes (1990s-2007)

Valores de IInglehart y Schwartz: Correelaciones en el Nivel Transnacional
Correlaciones calculadas utilizando como unidades de análisis a los países de la Tabla anexa Valores Democráticos de Inglehart y Schwartz por País correspondientes al Periodo SVS (1990s-2007). Los puntajes de los valores culturales de Schwartz son de Schwartz (2008a). (1) Promedio de Autonomía Intelectual y Afectiva. (2) Puntaje que resulta de restar el de una orientación al de la orientación polar opuesta (Schwartz, 2006: 161-68). ***p<0.001 **p<0.01 *p<0.05 ɫ p<0.1 ns: no significativo. Fuente: Jorge, José Eduardo (2018). Valores Democráticos para Tiempos de Crisis. Hallazgos de Dos Teorías. Question, 1(57), 1-33. Click en la imagen para agrandar

Recordemos que el ICPD Base es un promedio ponderado de las proporciones de la población de cada país que firmó un petitorio (acción); está en desacuerdo con que los hombres son mejores líderes que las mujeres y tienen prioridad para los empleos (igualdad de género); aprueban la homosexualidad y el divorcio (respeto por los otros); priorizan la libertad de expresión y la participación en las decisiones de gobierno, el trabajo y la comunidad (aspiraciones de libertad) y confían “en la mayoría de la gente” (Jorge, 2015). En el ICPD Refinado sustituyo esta “confianza no especificada” por la “confianza generalizada”, que abarca siempre a los extraños y a las personas de otra religión o nacionalidad (Jorge, 2016a, 2017).

Las coincidencias comentadas entre ambas teorías son patentes en nuestra tabla. Como esperaríamos, nuestros dos índices tienen una fuerte correlación positiva con autonomía y negativa con inmersión. La asociación es menor, pero muy clara, con igualitarismo (positiva) y jerarquía (negativa).

Las Figuras 5 y 6 ilustran sintéticamente estas relaciones graficando el vínculo entre el ICPD Base y los indicadores autonomía menos inmersión e igualitarismo menos jerarquía..

Figura 5
Autonomía menos Inmersión y Cultura Política Democrática (Índice Base) (1990s-2007)

Autonomía-Inmersión (Schwartz) e Índice de Cultura Política Democrática
Fuente: Jorge, José Eduardo (2018). Valores Democráticos para Tiempos de Crisis. Hallazgos de Dos Teorías. Question, 1(57), 1-33. Click en la imagen para agrandar

Figura 6
Igualitarimo menos Jerarquía y Cultura Política Democrática (Índice Base) (1990s-2007)

Igualitarismo-Jerarquía (Schwartz) e Índice de Cultura Política Democrática
Fuente: José Eduardo Jorge (2019).  Click en la imagen para agrandar

Nótese que el puntaje de autonomía es mayor que el de inmersión en todos los países con 36% o más de la población con valores democráticos arraigados según nuestro índice.

En la Figura 5 se observa que el puntaje de autonomía es mayor que el de inmersión en todos los países con 36% o más de la población con valores democráticos arraigados según nuestro índice.

Entre los componentes del ICPD, vemos en la Tabla 1 que el “respeto por los otros” es el que muestra las correlaciones más elevadas con las dimensiones autonomía menos inmersión e igualitarismo menos jerarquía. Además, la asociación de la “confianza generalizada” con las dos dimensiones es claramente mayor a la de la “confianza no especificada”.

Sigue: Valores de Schwartz y  Nivel de Democracia
(en preparación)

 Anterior: Concepciones de la Democracia y Cultura Políticaa
Valores Democráticos e Índices de Democracia

José Eduardo Jorge (2010): Cultura Política y Democracia en Argentina,
Edulp, La Plata
José Eduardo Jorge (2018): “Valores Democráticos para Tiempos de Crisis. Hallazgos de dos Teorías”,
Question, 1(57), pp. 31-33
Texto ampliado por el autor en febrero de 2020
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Cambio Cultural
Cultura Política Argentina

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