Impacto de las Redes Sociales

Redes Sociales en Internet:
concepto y consecuencias

Temas Clave Medios de ComunicaciónJosé Eduardo Jorge

La noción de Web 2.0. Antecedentes de los medios sociales: los BBS, la red Usenet y el ICQ. Definición de red social.  Las primeras redes sociales: su evolución. Los modelos alternativos de Internet: el paradigma de las comunidades virtuales. Luces y sombras de las redes sociales. Ver Blog: Política y Democracia en la Era de FacebookIr a la Parte 1: Democracia Digital

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La historia de las redes sociales

El concepto Web 2.0 fue popularizado en 2004 por Tim O’Reilly para englobar ciertos principios y prácticas que los creadores de software y otros usuarios aplicaban con creciente frecuencia al utilizar la Web.

Los contenidos y aplicaciones que emplazaban en la red no eran ya, como imperaba en la Web 1.0, objetos estáticos, producidos y publicados por un individuo u organización para que el resto los mirara o descargara, sino modificados continuamente por todos los usuarios en forma participativa y colaborativa (O’Reilly, 2005).

Las “redes sociales” –la más difundida es Facebook, con 1.900 millones de usuarios mensuales en mayo de 2017- constituyen solo una parte del universo más amplio de “medios sociales”. Estos últimos son espacios virtuales de interacción, edificados sobre las bases tecnológicas e ideológicas de la Web 2.0,  donde los usuarios producen, comparten e intercambian distintos tipos de contenidos: información, videos, imágenes, música y otros archivos.

Incluyen, junto a Facebook, Twitter y YouTube, sitios como Wikipedia, LinkedIn, MySpace, Flickr, Scribd o The Pirate Bay, igual que una multitud de blogs y foros de discusión.

La gente ha practicado este tipo de interacción online desde hace mucho. Puede decirse, con Effing et al. (2011, p. 26), que “el término Medio Social es principalmente una nueva etiqueta para una tecnología existente”.

Ejemplos tempranos son los Tableros de Anuncios –Bulletin Board Systems– surgidos en 1978 y la red Usenet (1980). Las salas de chat se hicieron populares a mediados de los 90 entre los usuarios de los primeros proveedores comerciales de Internet. Pronto se propagó a gran escala la Mensajería Instantánea, inicialmente con el ICQ (1996) y más tarde con el MSN Messenger (1999).

¿Qué es una red social?

Una “red social” es un servicio más específico y acotado. Según Boyd y Ellison, es el que permite a los individuos: “1) construir un perfil público o semi-público dentro de un sistema delimitado; 2) articular una lista de otros usuarios con quienes comparten un contacto, y 3) ver y recorrer su lista de contactos y las hechas por otros dentro del sistema” (2008, p. 211).

De acuerdo con esta definición, la primera red social fue SixDegrees, que en 1997 supo combinar características que solo habían existido por separado en otras aplicaciones. Servicios de este tipo empezaron a brotar hasta alcanzar un nuevo hito con el auge temporario de Friendster (2002).

En 2003 surgió una nueva ola de sitios que buscaron emular el éxito de este último o penetrar en nichos determinados. Entre ellos, MySpace (2003), LinkedIn (2003), Facebook (2004), Flickr (2004), YouTube (2005) y Twitter (2006) (ibíd., pp. 214-219).

El florecimiento de los medios sociales sugiere que, entre los modelos que pugnan por dominar el desarrollo de esa tecnología aún inestable que es Internet, el de las comunidades virtuales, cuyo eje es la comunicación humana, lleva hoy la delantera.

Feenberg ve todavía un gran potencial de crecimiento en el modelo centrado en el “consumo”, pues éste explotará cuando la televisión ofrezca sus contenidos por la red. Si la comercialización del entretenimiento y los espectáculos termina por dictar la evolución futura de Internet, es probable que los otros usos no desaparezcan, aunque quedarían restringidos y subordinados.

La comunicación para las relaciones humanas –incluso con una marcada preferencia por la “charla ligera”- fue la función que los propios usuarios priorizaron espontáneamente en el experimento embrionario de Internet, la ARPANET creada a fines de los años 60 con objetivos militares. Lo mismo sucedió con el sistema Minitel francés de los 80.

No hay que subestimar, recuerda Feenberg, “la gran victoria que ha representado la conquista de este nuevo territorio para la comunicación humana ordinaria” (op. cit., pp. 6-8). Esto es lo que no advierten quienes critican el carácter “insustancial” de mucha de la interacción online. Como en los bares y clubes donde se gestó la esfera pública en los siglos XVIII y XIX, “sin abrir un canal para la charla trivial, no puede haber conversación seria”.

Efectos de los medios sociales 

Dahlgren (2012) invita a rechazar “todo el alegre tecno-optimismo” que impide ver a los medios sociales como parte del mundo sociocultural más vasto, entrelazados con las vidas offline de las personas y el funcionamiento de los grupos e instituciones de la sociedad.

Esta perspectiva revela que el ciberespacio es un campo de tensiones. Internet reproduce las fuerzas y tendencias sociales predominantes y, al mismo tiempo, da lugar a la acción creativa y autónoma de los usuarios, de modo que aquellas fuerzas pueden verse consolidadas, negociadas o desafiadas.

En las democracias posindustriales, inquietas por la desafección en torno de la política convencional, están proliferando formas alternativas de organización y activismo civil que expanden la dimensión de “lo político” (Dalton, 2004; Inglehart, 1997). La gente no cesa de aprender a utilizar la cambiante tecnología de la red para desarrollar este tipo de prácticas.

Los medios sociales –afirma Dahlgren- promueven “la capacidad cívica subjetiva y un mayor sentido de agencia”, pero –además del peso marginal que tiene el uso político de la Web- “por sí solos, no movilizan políticamente a los ciudadanos que pueden carecer de compromiso” (op. cit., pp. 5-6).

La vigilancia que se ejerce sobre los usuarios online para recopilar, estudiar y vender sus datos personales, ilustra –dice el mismo autor- el modo como la red, al tiempo que confiere poder a los ciudadanos, los inserta también en un trama de relaciones de poder en la que ocupan un lugar subordinado.

Fenton (2012) destaca los modos sutiles en que Internet reproduce las corrientes socioculturales preponderantes. Las redes sociales estimulan a los usuarios a presentarse por medio de los productos que consumen: música, películas, libros, programas de televisión.

También los alientan a ampliar continuamente su círculo de amistades, con el fin implícito de obtener “ventajas” profesionales o de negocios. El perfil de una persona se halla parcialmente construido por la aplicación y ésta no es neutral respecto de las fuerzas sociales más amplias.

El botón “me gusta” de Facebook sesga los vínculos sociales que va estableciendo un usuario y la clase de comunidades que se forman: grupos homogéneos de individuos con ideas y valores semejantes. En lugar de fomentar el encuentro de visiones diversas y el debate político, “estos ‘esferoides’ públicos tienden a aislar a sus miembros de las grandes corrientes discursivas de la sociedad política” (Dahlgren, op. cit., p. 10).

Las características de la Web facilitan la exposición selectiva de las personas a los contenidos que coinciden con sus intereses y opiniones. Este fenómeno también favorece la interacción en colectividades homogéneas.

Durante el largo ciclo de elecciones de representantes europeos, nacionales y locales que vivió Portugal en 2009, se utilizaron técnicas de web mining para estudiar el uso de tres blogs creados por un centenar de blogueros que apoyaban a los tres grandes partidos (Lourenço, 2010). Se crearon pocos links entre los distintos blogs, los lectores no buscaban opiniones distintas de las suyas y cada bloguero confinaba su actividad a su propio sitio.

La inclinación de los individuos a entablar relaciones y formar grupos con personas de características y visiones similares, tanto en su vida online como offline, converge con los efectos de los algoritmos encargados de seleccionar el contenido que encontramos en la Web.

Del enorme torrente de información disponible, las redes sociales, igual que Google y otros medios digitales, filtran los contenidos que son más relevantes para cada uno de nosotros, basándose en los datos que han recopilado sobre nuestro historia personal de clicks, búsquedas, “me gusta” y otras actividades. Los algoritmos de este clase nos son útiles para encontrar la información más ajustada a nuestras necesidades y preferencias. Sin su auxilio, pronto nos veríamos abrumados por el volumen astronómico de datos existentes en el ciberespacio, que además siguen creciendo a un ritmo exponencial.

Pero este mecanismo tiene también efectos colaterales indeseables, que han sido descriptos mediante conceptos como “burbuja de filtro”, “cámara de eco” o “resonancia”.  Estas nociones aluden a la idea de que, como producto de los algoritmos de selección, gran parte de la información que recibimos en Internet no es más que un reflejo de nuestras opiniones y visiones previas. Los contenidos que no son congruentes con nuestras preconcepciones y gustos personales tienden a ser eliminados en forma sistemática y raramente nos alcanzan.

Una consecuencia es que así pueden verse reforzados fenómenos como los prejuicios sociales, la polarización ideológica, la intolerancia y, en general, el aislamiento de las posiciones políticas. La democracia supone, por el contrario, el encuentro y el diálogo de visiones diversas.

Las Redes Sociales como Proveedoras de Noticias

Las redes sociales han adquirido asimismo una gran importancia como ámbitos en los que porciones crecientes del público obtiene sus noticias. Un punto de inflexión fue el lanzamiento, en enero de 2014, de la sección Trending News de Facebook. El objetivo, según el comunicado emitido por la red, era relevar “conversaciones relevantes e interesantes con el fin de ayudar a usted a descubrir el mejor contenido a través de Facebook”.

La red creada por Mark Zuckerberg tiene una posición dominante entre los medios sociales como proveedor de noticias, pero también YouTube, Twitter, Linkedin e Instagram forman parte de la misma tendencia.

El hecho de que una parte cada vez mayor de la audiencia siga las novedades del día a través de las redes y otros sitios y aplicaciones ha representado un nuevo golpe para los diarios tradicionales, que en las economías avanzadas vienen sufriendo una continua caída de su circulación e ingresos desde el ascenso de la esfera pública digital.

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José Eduardo Jorge (2014): La Comunicación Política en las Redes Sociales. Enfoques Teóricos y Hallazgos Empíricos, Question, 1(44), pp.:268-286.
Texto editado por el autor en junio de 2017
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