36% de Argentinos, con Valores Democráticos Arraigados

La Cultura Política de la
Democracia en Argentina y
América Latina: un Sumario

José Eduardo JorgeJosé Eduardo Jorge

Blog de Cambio Cultural

La cultura democrática argentina refleja las limitaciones y asimetrías del desarrollo alcanzado por el país. Ocupa el puesto 21º en una lista de 82 países y permanece globalmente estable desde 1991, pero con un aumento del respeto por los otros y un declive de las aspiraciones de libertad. América Latina no es homogénea. Uruguay tiene los valores democráticos más arraigados y éstos vienen creciendo en Chile y Brasil. A nivel mundial, Noruega y Suecia encabezan el ránking de cultura democrática. Ver ¿Cómo Influye la Cultura Política?

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La noción de una “cultura política”, o de una influencia de la “cultura” o los “valores” sobre la política argentina, aparece con recurrencia en los debates de los medios de comunicación. Las referencias a la cultura en los ensayos políticos constituyen entre nosotros una tradición que surgió ya en los primeros años de vida independiente del país.

El estudio científico de la cultura política, que nace hace más de medio siglo, progresó en las últimas décadas por la difusión de estudios por encuesta transnacionales y la multiplicación de estudios de caso. Las diversas corrientes de investigación convergen en identificar un núcleo de componentes fundamentales de la cultura política de la democracia.

Este es el foco de la línea de investigación sobre cultura política y democracia desarrollada por el autor a partir de 2006 dentro del Sistema de Ciencia y Técnica argentino, prolongando estudios y acciones previas realizadas desde 2001 en el ámbito institucional y de la sociedad civil.

Mi interés principal en el enfoque de la cultura política reside en que éste ayuda a comprender la naturaleza de las democracias de baja calidad y puede señalar nuevas vías para mejorarlas. La línea de investigación incluye hasta el momento seis proyectos acreditados y ha producido un número de artículos científicos, presentaciones en congresos, seminarios y el libro de este autor Cultura Política y Democracia en Argentina (2010).

Presento a continuación un sumario de los resultados que doy a conocer en dos artículos recientes [1] y que constituyen avances del Proyecto “Cultura Política Argentina, Confianza Social y Valores Democráticos”, acreditado por la Universidad Nacional de La Plata para el periodo 2016-2017.

  • Por su cultura política democrática, la Argentina ocupa el puesto 21º entre 82 países. Ver ⇓
  • Uruguay es el país de América Latina con la cultura democrática más difundida, entre las 13 sociedades de la región con datos sobre los indicadores clave. Ver ⇓
  • En el balance, la cultura política de la democracia en Argentina ha permanecido estable desde 1991. Pero este equilibrio global encierra movimientos dispares de los componentes centrales del sistema de valores democráticos. Aumentó en especial el Respeto por los Otros y disminuyeron las Aspiraciones de Libertad. Ver ⇓
  • El crecimiento del Respeto por los Otros entre los argentinos envuelve un cambio de valores notorio respecto de la homosexualidad, que se observa desde principios de los 80 y antecede a la aprobación del Matrimonio Igualitario en 2010. Este giro cultural no es solo un producto del cambio generacional, sino también de una mutación en los valores de las generaciones adultas. Es un ejemplo de que, en general, los cambios culturales preceden y dan forma a cambios de carácter político e institucional congruentes con ellos. Ver ⇓
  • Aun con rasgos comunes, la cultura política de la democracia no es homogénea en América Latina. Las diferencias tienen origen principalmente en las disparidades de desarrollo. Ver ⇓
  • La cultura democrática creció desde principios de los años 90 en Chile y Brasil, y experimentó poca variación en Argentina, Uruguay, México y Perú. Ver ⇓
  • El aumento del Respeto por los Otros y de la Igualdad de Género es una tendencia común a varios países de América Latina. Refleja el impacto del desarrollo económico, pero también, especialmente en el caso de la justificación de la homosexualidad, de la globalización cultural. Ver ⇓
  • La Argentina y la mayor parte de América Latina se caracterizan por los bajos niveles de confianza interpersonal. Ver ⇓
  • La cultura política de la democracia en Argentina refleja en un grado signficiativo las limitaciones y asimetrías del desarrollo alcanzado por el país. Ver ⇓
  • La trayectoria histórica y la tradición cultural de la Argentina han tendido a conformar un modelo de convivencia social y política con atributos cívicos y cooperativos limitados. Ver ⇓
  • La sociedad argentina se repolitizó en los últimos años, luego de un continuo declive del interés por la política desde los elevados niveles registrados en el periodo inicial de la restauración democrática. Ver ⇓
  • La confianza en el Congreso, la Justicia y, en menor medida, en los Partidos Políticos, también se recuperó en los últimos años, desde los niveles mínimos a los que había caído durante la crisis de 2001-2002. Pero la pérdida de credibilidad de las instituciones se remonta al final de los 80, Ver ⇓
  • La recuperación de las libertades democráticas en 1983 fue seguida de un rápido crecimiento de la participación en organizaciones de la sociedad civil, que se estabiliza a mediados de los 90. Las organizaciones religiosas atraen la mayor proporción de miembros. Crecieron las asociaciones con fines sociales generales -culturales, humanitarias y ecológicas-, pero no las de carácter sectorial -partidarias, sindicales y profesionales. Ver ⇓

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Por su cultura política democrática, la Argentina ocupa el puesto 21º entre 82 países

La cultura política democrática, medida a través de un sistema de indicadores clave, se extendía en 2013 al 36,5% de los argentinos. El país ocupa el puesto 21º en un ránking de 82 países, para los que podemos calcular nuestro Índice de Cultura Política Democrática a partir de datos recientes de la Encuesta Mundial de Valores.

Figura 1
La Cultura Política Democrática en el Mundo
Países Seleccionados
% de la Población con Valores Democráticos Arraigados

Cultura Política de la Democracia en el Mundo
Fuente: Jorge, José Eduardo (2015): “La cultura política argentina: una radiografía”, Question 1(48), pp. 372-403. Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. Ver Tabla completa de 82 países. Click en la imagen para agrandar

Las sociedades con la cultura democrática más difundida son Noruega y Suecia –donde casi el 70% de la población tiene valores democráticos arraigados-, seguidas por Suiza (63%).

Las dos primeras están a una distancia de entre 10 y 20 puntos porcentuales de las restantes democracias industrializadas de alta calidad según el índice de derechos políticos y libertades civiles de la ONG Freedom House.

En las naciones de los últimos diez lugares de la lista, los valores democráticos alcanzan al 12% o menos de la población.

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Uruguay es el país de América Latina con la cultura democrática más difundida, entre las 13 sociedades de la región con datos sobre los indicadores clave.

Los valores democráticos están arraigados en el 42,1% de los uruguayos, una cifra apenas inferior a la de España (42,5%). Los países latinoamericanos que siguen a Uruguay son Brasil (40,1%), Chile (37,2%), México (36,6%) y Argentina (36,5%).

En Colombia la cultura democrática llega al 31,9% de los ciudadanos. Guatemala, Perú, Venezuela y Ecuador exhiben, en ese orden, porcentajes que se hallan un poco por debajo del 30%.

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En el balance, la cultura política de la democracia en Argentina ha permanecido estable desde 1991. Pero este equilibrio global encierra movimientos dispares de los componentes centrales del sistema de valores democráticos. Aumentó en especial el Respeto por los Otros y disminuyeron las Aspiraciones de Libertad.

El núcleo de valores democráticos fundamentales alcanzaba al 36,2% de los argentinos en 1991, año más lejano con datos suficientes de la Encuesta Mundial de Valores para calcular nuestro Índice de Cultura Política Democrática. El valor del índice fue 39,1% -el nivel más alto de la serie- en la onda 1995 de la misma encuesta, 35,6% en 1999, 37,4% en 2006 y 36,5% en 2013.

La estabilidad de la cultura democrática en más de dos décadas –que subraya el porcentaje casi idéntico entre puntas- encierra empero dispares movimientos internos de los componentes del índice.

Figura 2
Evolución de la Cultura Política de la Democracia en Argentina 1991-2013

Cultura Política de la Democracia en Argentina 1991-2013
Fuente: Jorge, José Eduardo (2015): ““La cultura política argentina: una radiografía”, Question 1(48), pp. 372-403.. Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. N = 6.400. El Índice de Cultura Política Democrática de 1991 ha sido estimado con uno solo de los dos indicadores de Igualdad de Género: el desacuerdo con que los hombres tienen prioridad para los empleos. Click en la imagen para agrandar

Figura 3
Índice de Cultura Política Democrática
Componentes

Índice de Cultura Política Democrática
Fuente: Jorge, José Eduardo (2015): “La cultura política argentina: una radiografía”, Question 1(48), pp. 372-403. Igualdad de Género: % de la población en desacuerdo con que  los hombres son mejores líderes que las mujeres y tienen prioridad para los empleos. Respeto por los Otros o Tolerancia: % de la población que justifica la homosexualidad y el divorcio con un puntaje de 8 o más en una escala 1 a 10. Aspiraciones de Libertad: % de la población con un puntaje de 3 o más en una escala 0 a 5, según la prioridad que se asigna a la libertad de expresión, la participación en las decisiones de gobierno y la participación en el trabajo y la comunidad. Acción Política: % de la población que firmó un petitorio. Confianza Interpersonal: % de la población que confía “en la mayoría de las personas”. El Índice de Cultura Política Democrática es un promedio ponderado de estos cinco componentes. Click en la imagen para agrandar . 

Entre 1991 y 2013, el Respeto por los Otros o Tolerancia experimentó un importante aumento de 11 puntos porcentuales, de 25% a 36%. También la Igualdad de Género subió 5 puntos –de 62% a 67%- desde 1995.

Pero estos progresos –que son comunes a varios países latinoamericanos- se vieron neutralizados principalmente por un descenso de 9 puntos porcentuales de las Aspiraciones de Libertad, pese a que éstas llegaran en 1995 a un pico de 55%.

La Acción Política, medida por la firma de petitorios –que alcanza un pico en 1984 y luego oscila en niveles más bajos-, así como la Confianza Interpersonal –el porcentaje de la población que dice confiar en “la mayoría de las personas”-, varían poco a partir de 1991.

Las Aspiraciones de Libertad se miden por la importancia que asignan las personas a la libertad de expresión y a la participación en las decisiones de gobierno, el trabajo y la comunidad, en comparación con una serie de objetivos relacionados principalmente con la economía y la seguridad. Su declive, quizás temporario, se explica en buena medida por la recesión económica de la segunda mitad de los años 90, la profunda crisis de 2001-2002 y los años posteriores de alta inflación.

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El crecimiento del Respeto por los Otros entre los argentinos envuelve un cambio de valores notorio respecto de la homosexualidad, que se observa desde principios de los 80 y antecede a la aprobación del Matrimonio Igualitario en 2010. Este giro cultural no es solo un producto del cambio generacional, sino también de una mutación en los valores de las generaciones adultas. Es un ejemplo de que, en general, los cambios culturales preceden y dan forma a cambios  de carácter político e institucional congruentes con ellos.

Las acciones que los grupos defensores de los derechos de género desarrollaron en las últimas décadas, acompañadas por los medios de comunicación y otros sectores de la sociedad argentina, fueron un factor central para modificar las actitudes de discriminación hacia la comunidad LGBT y lograr el reconocimiento legal de sus derechos.

El trasfondo de este proceso fue un cambio sostenido de valores observable desde principios de los 80. En 1984, apenas el 4% de los argentinos justificaba la homosexualidad con un puntaje de 8 o más en una escala entre 1 y 10. Este porcentaje subió en forma consistente en las sucesivas mediciones de la Encuesta Mundial de Valores, hasta estabilizarse en torno del 30% en 2006.

Figura 4
Respeto por los Otros: Evolución de la Justificación de la Homosexualidad en la Argentina

Situación de los Homosexuales en Argentina
% de entrevistados de cada cohorte que justifica la homosexualidad con un valor de 8 o más en una escala 1 a 10. Fuente: Jorge, José Eduardo (2016): “Teoría de la Cultura Política. Enfocando el Caso Argentino”, Question, 1(49), pp. 300-321. Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. N = 6.400. Click en la imagen para agrandar

Aunque la justificación de la homosexualidad tiende a ser mayor en las generaciones más jóvenes, el giro en los valores alcanzó a todas las generaciones de argentinos. Esto sugiere que, aunque gran parte de los cambios culturales de una sociedad se producen mediante el reemplazo generacional, en algunos casos envuelven también el aprendizaje o socialización de todos los grupos de edades. 

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Aun con rasgos comunes, la cultura política de la democracia no es homogénea en América Latina. Las diferencias tienen origen principalmente en las disparidades de desarrollo.

Si bien los datos son limitados, las observaciones disponibles sugieren que, pese a los rasgos compartidos por las sociedades de la región, la cultura política de América Latina no es homogénea.

Los países del Cono Sur –Uruguay, Brasil, Argentina y Chile-, a los que se suma México, toman distancia del resto por el grado de difusión de los valores democráticos.

Las diferencias de desarrollo económico –si bien interactuando de modo complejo con las diversas tradiciones culturales e historia política de cada sociedad- tienden a producir asimetrías en el plano de los valores.

Figura 5
Evolución del Índice de Cultura Política Democrática
en América Latina – % de la Población

Cultura de la Democracia en América Latina
Fuente: José Eduardo Jorge (2016). Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. N = 38.500. Click en la imagen para agrandar

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La cultura democrática creció desde principios de los años 90 en Chile y Brasil, y experimentó poca variación en Argentina, Uruguay, México y Perú.

Los valores democráticos, medidos a través de nuestro Índice de Cultura Política Democrática, alcanzaban en 2011 al 37,2% de los chilenos, una cifra 7 puntos porcentuales por encima del 30,2% registrado en 1990. En Brasil, el aumento fue de más de 6 puntos, de 33,6% en 1991 a 40,1% en 2014.

Esta expansión de la cultura democrática tiene raíz en el fuerte crecimiento económico de los dos países durante gran parte del periodo, y está asociada a los procesos bien conocidos del incremento de las clases medias y el ascenso correlativo de nuevas demandas sociales en ambas naciones.

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El aumento del Respeto por los Otros y de la Igualdad de Género es una tendencia común a varios países de América Latina. Refleja el impacto del desarrollo económico, pero también, especialmente en el caso de la justificación de la homosexualidad, de la globalización cultural.

Un desarrollo común a la Argentina, Uruguay, Brasil, Chile y México es la expansión de los indicadores de Respeto por los Otros, que ha tenido lugar en un lapso relativamente breve –entre 20 y 30 años- para los tiempos normalmente lentos del cambio cultural. Este componente central de la cultura democrática crece de un modo vertiginoso en Chile y en forma acentuada en el resto de las naciones.

Como en el caso de la Argentina, la evolución seguida por la justificación de la homosexualidad en los otros cuatro países excede en mucho lo que cabe esperar del cambio de valores generacional. A este último se ha sumado la adaptación valorativa de todas las generaciones, algo que supone un proceso de aprendizaje o socialización adulta. El carácter simultáneo de los cambios de valores en estos y otros países sugiere además la influencia de procesos globales y regionales de difusión cultural.

Figura 6
Justificación de la Homosexualidad en América Latina
% de la población

Situación de los Homosexuales en América Latina
% de la población que justifica la homosexualidad con un puntaje de 8 o más en una escala 1 a 10. Fuente: Jorge, José Eduardo (2016): “Teoría de la Cultura Política. Enfocando el Caso Argentino”, Question, 1(49), pp. 300-321. Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. O Sin dato. Click en la imagen para agrandar

Al mismo tiempo, no todas las sociedades de América Latina participan de esta última tendencia, lo que muestra que la acción de las fuerzas globales sobre las culturas particulares dista de ser automática. En Perú, la proporción de los entrevistados que justifica la homosexualidad de acuerdo con nuestro indicador fue 11% en 1996 y 9% en 2012; en Colombia, el porcentaje pasó de 7% en 1998 a 12% en 2012.

La Igualdad de Género es el otro valor democrático fundamental que en este periodo hizo progresos generales en América Latina. La región es mucho más homogénea en este indicador que en el referido a la homosexualidad. El porcentaje de Colombia ha permanecido estable en el nivel de 67%, mientras el de Perú subió de 60% en 1996 a 69% en 2012.

Figura 7 
Evolución de la Igualdad de Género en América Latina
% de la población

Situación de la mujer en América Latina
% promedio de la población que está en desacuerdo con que los hombres son mejores líderes que las mujeres y que tienen prioridad para los empleos cuando éstos son escasos. Fuente: José Eduardo Jorge (2016). Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. O Sin dato. Click en la imagen para agrandar

En promedio, el 67% de la población de las 11 sociedades latinoamericanas de nuestra muestra de 82 países (ver Tabla completa) está en desacuerdo con que los hombres son mejores líderes que las mujeres y tienen prioridad para los empleos cuando éstos son escasos. Esta cifra es muy próxima al 70% de las sociedades católicas de Europa de la misma muestra.

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La Argentina y la mayor parte de América Latina se caracterizan por los bajos niveles de confianza interpersonal 

Una característica de la Argentina y la mayor parte de América Latina es la baja confianza interpersonal. Alcanza niveles mínimos –inferiores al 10%- en Brasil. En nuestro país ha permanecido estable en las últimas tres décadas, oscilando en torno de una línea de tendencia del 20%.

Esta confianza en “la mayoría de las personas” –distinta de la que depositamos en las personas próximas a nosotros- es parte de la cultura de la democracia, pues facilita la cooperación social y política. También hay indicios de que contribuye al crecimiento económico.

Promediando sobre todos los países de la región, América Latina –donde solo dice confiar un 17% de la población, según el estudio Latinobarómetro 2015- se halla próxima en la comparación internacional a los países europeos de tradición católica. La confianza se extiende en promedio al 59% de la población en las sociedades de la Europa protestante, al 43% en las naciones de habla inglesa y al 38% en los países asiáticos confucianos. 

Figura 8
Confianza Interpersonal por Región Cultural
% de la Población

Confianza Interpersonal en América Latina
% de la población que confía “en la mayoría de las personas”. América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela. Ver composición de las Regiones Culturales. Fuente: José Eduardo Jorge (2016). Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. América Latina 2015: Datos de Latinobarómetro 2015 para 18 países de la región. Click en la imagen para agrandar.

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La cultura política de la democracia en Argentina refleja en un grado significativo las limitaciones y asimetrías del desarrollo alcanzado por el país. 

Una parte importante de los problemas de la cultura política democrática de la Argentina se explica por un desarrollo insuficiente. En una sociedad de ingreso medio, con fuertes desigualdades sociales y regionales de distribución de la riqueza y grado de modernización, encuentra límites naturales el giro hacia los valores asociados con prioridades de orden superior –la libertad política, la igualdad de derechos, el respeto por los otros o la participación-, que exceden las básicas necesidades materiales y de seguridad.

Esos límites se han visto acentuados por las crisis económicas sufridas desde los 70, que han producido grandes oscilaciones en las condiciones de vida y cristalizado situaciones crecientes de pobreza y exclusión.

Estas crisis han hecho fluctuar la jerarquía de valores de la población. El porcentaje de argentinos con valores “posmaterialistas” –asociados al grado en que las personas dan más prioridad a las demandas políticas de nivel superior y menos a las materiales básicas- arranca de un piso en la medición 1984 de la Encuesta Mundial de Valores, aumenta hasta alcanzar un pico –luego de tres años de alto crecimiento y baja inflación- en 1995, declina de un modo acentuado con la recesión económica de fines de los 90 y la crisis de 2001-2002, y parece buscar un punto de inflexión recién en estos últimos años.

El modo como los valores posmaterialistas están distribuidos en la sociedad argentina refleja las grandes disparidades de desarrollo regional. De acuerdo con los datos disponibles, el posmaterialismo tiende a ser más bajo en el interior del país, aumenta en el Conurbano bonaerense y llega a los niveles más altos en la Ciudad de Buenos Aires y otras áreas urbanizadas, como la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires. El posmaterialismo es también más elevado en los grupos sociales con mayor educación e ingresos.

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La trayectoria histórica y la tradición cultural de la Argentina han tendido a conformar un modelo de convivencia social y política con atributos cívicos y cooperativos limitados.

En el componente histórico de la cultura política, sobre el que opera el desarrollo económico, han prevalecido en la Argentina rasgos de un modelo de convivencia caracterizado por niveles limitados de participación, igualdad, confianza y cooperación. Fuentes historiográficas, investigaciones realizadas en distintos periodos, memorias y ensayos de época, coinciden en señalar la difusión y gravitación de los “dilemas del prisionero”, las conductas no cooperativas o facciosas, la desafección política, la baja confianza social y la penetración del Estado por parte de intereses particulares, entre otros atributos que operan en dirección contraria a la estabilidad, profundidad y efectividad de la democracia.

Junto al núcleo de componentes centrales de la cultura democrática, hay otros aspectos importantes de la cultura política argentina cuya evolución es posible seguir desde la recuperación de la democracia. 

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La sociedad argentina se repolitizó en los últimos años, luego de un continuo declive del interés por la política desde los elevados niveles registrados en el periodo inicial de la restauración democrática.

Con el periodo abierto en 1983, la participación política siguió en la Argentina tendencias típicas de los procesos de transición democrática. En la mayoría de las nuevas democracias, la instauración de las instituciones representativas se vio rodeada de un entusiasmo popular, seguido de un periodo de “desencanto” y de descenso marcado de la participación de los ciudadanos frente a las dificultades de la construcción democrática.

Desde un techo de 43% en la medición 1984 de la Encuesta Mundial de Valores, la proporción de los argentinos “muy” o “bastante” interesados por la política declinó consistentemente hasta un mínimo de 18% en 1999.

Figura 9
Interés por la Política y Confianza en las
Instituciones Políticas en Argentina

% de la población

Interés por la Política y Confianza en las Instituciones Políticas en Argentina
Fuente: Jorge, José Eduardo (2015): “Los Jóvenes y la Cultura Política Argentina”, I Congreso Comunicación Popular (CCP), UNLP-FPyCS, La Plata (Argentina), 1-4 de septiembre de 2015. Cálculos propios a partir de la base de datos de la Encuesta Mundial de Valores. N=6.400. Click en la imagen para agrandar

Sin embargo, la tendencia cambió de dirección en 2006 y recobró en 2013 los niveles de 1991: alrededor de un tercio de la población. La última década muestra, por consiguiente, claros signos de una repolitización de la sociedad, que se manifestó con claridad en el nivel de implicación de los argentinos durante la campaña y los comicios de 2015.

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La confianza en el Congreso, la Justicia y, en menor medida, en los Partidos Políticos, también se recuperó en los últimos años, desde los niveles mínimos a los que había caído durante la crisis de 2001-2002. Pero la pérdida de credibilidad en las instituciones se remonta al final de los 80.

La crisis de diciembre de 2001 representó un colapso político. La credibilidad de las instituciones, aunque no el apoyo a la democracia, se desplomó a niveles inéditos. Pero la crisis de confianza había empezado mucho antes. En 1984 confiaba “mucho” o “bastante” en el Congreso el 72% de la población. En 1991, luego de la hiperinflación de 1989 y la salida anticipada de Alfonsín, el 11%. La credibilidad de los partidos –nuestros datos comienzan para éstos en 1995- es todavía más baja. En la serie de la Encuesta Mundial de Valores, ambas instituciones políticas tocan un piso en 1999; en la de Latinobarómetro, en 2002.

Durante los últimos diez años, acompañando el creciente interés por los asuntos políticos, la credibilidad del Congreso, la Justicia y, en menor medida, en los Partidos, se ha recuperado en un grado no desdeñable. En 2013, de acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores, el 25% de los argentinos confiaba “mucho” o “bastante” en el parlamento y el 15% en las agrupaciones partidarias.  Para Latinobarómetro, los que confiaban “mucho” o “algo” eran, respectivamente, 41% y 24%, mientras un 33% lo hacía en la Justicia. 

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La recuperación de las libertades democráticas en 1983 fue seguida de un rápido crecimiento de la participación en organizaciones voluntarias de la sociedad civil, que se estabiliza a mediados de los 90. Las organizaciones religiosas atraen la mayor proporción de miembros. Crecieron las asociaciones con fines sociales generales –culturales, humanitarias y ecológicas-, pero no las de carácter sectorial –partidarias, sindicales y profesionales.

En el lapso de una década, entre 1984 y 1995, la proporción de argentinos que declararon ser miembros de al menos una organización o grupo voluntario subió del 33% al 57%. Los miembros “activos” crecieron del 19% al 34%. El asociacionismo se estabiliza en estos niveles a partir de entonces.

Figura 10
Evolución de los Miembros de Organizaciones de la
Sociedad Civil en Argentina
– % de la población

Organizaciones de la Sociedad Civil en Argentina
Fuente: Jorge, José Eduardo (2015): “La cultura política argentina: una radiografía”, Question, 1(48), pp. 372-403..Cálculos propios a partir de la base de datos de la WVS. N = 4.100. Ver datos completos. Click en la imagen para agrandar

Las organizaciones religiosas son las que han atraído el mayor volumen de miembros. En 2013, el 38% de los argentinos dijo ser miembro de alguna de ellas, mientras el 21% mencionó una asociación deportiva, el 15% una vinculada con la educación o la cultura y el 15% una humanitaria o de caridad. Pero las organizaciones voluntarias que sobresalen por su crecimiento son las ecológicas, que en tres décadas multiplicaron por diez su proporción de miembros y, ya en la medición de 2006, igualaron el nivel de inserción voluntaria de los partidos políticos.

Las asociaciones con objetivos sociales generales o sociotrópicas –de educación y cultura, humanitarias y ecológicas- duplicaron en treinta años el porcentaje de miembros, que llega al 24% en 2013. En contraste, el nivel de inserción en las organizaciones con fines sectoriales –partidos políticos, entes profesionales y sindicatos- se mantuvo prácticamente en el mismo nivel durante todo el periodo.

José Eduardo Jorge
1 de Junio de 2016

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NOTAS

[1] Jorge, José Eduardo (2016): “Teoría de la Cultura Política. Enfocando el Caso Argentino”, Question, 1(49), pp. 300-321. Jorge, José Eduardo (2015): “La Cultura Política Argentina: una Radiografía”, Question 1(48), pp. 372-403.